Definir la estrategia significa renunciar
Una de las cuestionase que últimamente he tenido la ocasión de comentar y debatir con los participantes de alguno de mis cursos es que “elegir implica renunciar”. Si una organización define su estrategia (y lo hace “metodológicamente bien”), evidentemente está eligiendo hacia dónde quiere ir y, por tanto, implícitamente está decidiendo hacia dónde NO quiere ir.Parece obvio y consecuentemente, quizás no valga la pena abundar más en este aspecto.
Sin embargo, el problema que subyace a esta cuestión es, en mi opinión, el que realmente importa. A lo largo de los años he conocido a Directivos que, por no equivocarse, han preferido no elegir (=no definir su plan estratégico). Seguramente de forma inconsciente (o incluso consciente) están pensando: “si no elijo y no movilizo a toda mi empresa hacia una dirección en concreto, es menos probable que alguien pueda decir que me he equivocado. Si no me equivoco, aseguro mi puesto de trabajo”.
Sin duda alguna, el hecho de no hacer nunca nada (una mala interpretación del clásico “wait and see”), es, en sí mismo, un error. Los directivos, no sólo porque les pagan por ello, sino por responsabilidad y deber asociado al puesto, deben definir hacia dónde ha de ir la compañía que dirigen y representan. Para ello, y con el objetivo de no equivocarse, es imprescindible contar con un equipo de dirección con suficiente experiencia, que conozca los clientes, el sector, la competencia, la propia compañía, las tendencias, etc. y que sea, al menos, un poco “visionario”. Igual de importante es utilizar una metodología de planificación adecuada. Relacionado con esto último, el que un plan estratégico redunde en la definición e implantación de un cuadro de mando de indicadores, así como en un plan de acción (ambos a nivel estratégico y operacional), resulta clave.
No obstante, lamentablemente, incluso con todo lo anterior no es suficiente. El realizar un seguimiento periódico y sistemático de los indicadores y del plan de acción es básico para asegurar una implantación de dicho plan y, por mi experiencia, constituye el talón de Aquiles de la mayoría de empresas que se han “atrevido” a definir su estrategia. Por todo ello es recomendable que dichas empresas cambien la manera de llevar a cabo sus reuniones de Dirección: preparar la reunión con antelación, hacer un mejor seguimiento de indicadores y plan de acción, cumplir los plazos acordados a la hora de implantar las acciones, centrarse menos en buscar culpables y más en buscar soluciones innovadoras y creativas, etc. Su tiempo es muy caro y lo malgastan con demasiada alegría. De verdad que no es tan complicado hacer las cosas bien.
Pero volvamos al inicio de la cuestión. En situaciones de mercado complicadas, como las que nos ha tocado vivir ahora, también hay que tener el valor de apostar por una opción. El no hacer nada, el no diferenciarte de tu competencia, no te ayudará a sobrevivir sino que, a la larga, te obligará a bajar precios. Define tu estrategia buscando cómo diferenciarte de tu competencia y renuncia a otras opciones. Tu empresa no puede serlo todo. Has de elegir una dirección… y renunciar al resto.
Dedicado a DV.
