Menos IA para impresionar y más IA para resolver
Hoy, en Europa, ya no basta con hablar de “proyectos piloto de IA”. La industria exige impacto medible y retorno de inversión rápido. Y con razón: la oportunidad de la IA para reforzar la autonomía estratégica, la competitividad y el liderazgo en innovación es única, pero también frágil.
El World Economic Forum estima que la IA puede añadir 15,7 billones de dólares a la economía global en 2030, casi la mitad por productividad. Europa, con un tejido industrial que aún representa cerca del 15% del PIB de la UE, no puede quedarse en la fase de experimentación.
Mi reflexión: el reto no es tecnológico, sino de ejecución y despliegue.
> No necesitamos más “showcases” de IA, sino aplicaciones concretas en procesos críticos: desde diseño a operaciones, desde la cadena de suministro hasta mantenimiento predictivo.
> Las pymes deben ser protagonistas con herramientas plug-and-play, fáciles de integrar, que generen valor sin requerir un ejército de data scientists.
> La regulación (con el AI Act europeo) debe ser palanca de confianza y no freno, adaptando su enfoque a la realidad de la IA industrial, distinta de la de consumo.
Europa tiene una ventaja que no debemos infravalorar: su conocimiento industrial y sus datos de dominio de alta calidad. Si los transformamos en soluciones de IA pragmáticas, auditables y escalables, podremos convertir la complejidad europea en ventaja competitiva global.
En resumen: menos IA para “impresionar” y más IA para resolver. Porque el futuro industrial de Europa se jugará no en los laboratorios, sino en la capacidad de nuestras fábricas para adoptar, integrar y escalar.
¿Estamos preparados para pasar de la teoría al impacto real?

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