Qué triste que un buen servicio hoy parezca excepcional
Hace poco me pasó en un restaurante.
Y, en otra ocasión, en una estación de esquí.
En los dos casos me quedé con la misma sensación: qué raro resulta hoy encontrarse con un servicio realmente bueno.
En el restaurante, pedí cosas que se salían un poco de lo estándar. Nada dramático. Nada imposible. Simplemente pequeños ajustes, peticiones que, en muchos sitios, reciben una respuesta automática: una pega, una mala cara o un “eso no se puede”.
Pero no.
👍Me dijeron que sí.
👍Con naturalidad.
👍Sin incomodidad.
👍Sin hacerme sentir que estaba molestando.
Y en la estación de esquí me llamó todavía más la atención porque no fue una persona concreta: fue todo el mundo.
➡️ Los empleados de las taquillas.
➡️ Los de los telearrastres y telesillas.
➡️ Los del restaurante.
😊 Todos muy amables.
😊 Todos dispuestos a ayudar.
😊 Todos haciendo fácil algo que en muchos otros sitios convierten en incómodo.
Y lo peor no es que eso me pareciera destacable.
Lo peor es que me sorprendiera.
Porque ahí está el verdadero problema:
recibir un buen servicio debería ser lo habitual, no lo excepcional.
❌ No estamos hablando de grandes gestos.
❌ Ni de lujos.
❌ Ni de experiencias premium.
Estamos hablando de algo mucho más básico y, al mismo tiempo, mucho más valioso:
➕ Escuchar.
➕ Tener actitud.
➕ No poner pegas por sistema.
➕ Intentar ayudar.
➕ Tratar bien a la persona que tienes delante.
Eso debería ser lo normal.
Pero hemos llegado a un punto en el que, cuando alguien te atiende con amabilidad, flexibilidad y sentido común, casi sientes que tienes que destacarlo como si fuera algo extraordinario.
Y eso dice mucho.
Dice mucho de cómo se ha deteriorado la experiencia de cliente en muchos sectores.
Y también dice mucho de la enorme oportunidad que tienen quienes sí entienden esto.
Porque puedes tener un gran producto, una gran marca o un gran negocio.
Pero cuando alguien se siente bien atendido, lo recuerda.
Y cuando no, también.
A veces la diferencia no está en ofrecer más.
Está en algo mucho más sencillo: poner menos barreras y más actitud.
Ojalá llegue un día en que un buen servicio deje de sorprendernos.
Porque eso significará que ha vuelto a ocupar el lugar que nunca debió perder: ser lo normal.

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